ESCAPADAS. Un repaso a la historia del ciclismo a través de sus grandes nombres

Nuevo libro: El ciclista secreto. Adelanto editorial

Libro_3D_el_ciclista_secreto Nuevo libro: El ciclista secreto. Adelanto editorial Ciclismo en ruta Ciclismo profesional Libros de Ruta Nuestros libros El lunes 26 de agosto ponemos a la venta un libro muy especial. Un libro de un autor anónimo. No por ello de alguien desconocido. Se trata de un experimentado ciclista profesional que corre para un equipo de la máxima categoría World Tour, en la cúspide de este deporte. Un ciclista que lleva corriendo en equipos World Tour más de 10 años. Ha llegado a finalizar grandes vueltas entre los 10 primeros. Le encanta el café. Estos son algunos detalles sobre el ciclista profesional que quiere que conozcas cómo ve el ciclismo profesional desde dentro del pelotón.

Además, a todos los que compréis el libro en nuestra web en lo que queda de agosto, os lo enviamos a casa con gastos de envío gratuitos. Podéis pedir el libro en este ENLACE.

¿Y de qué trata el libro? Lo mejor es que te lo cuente él mismo y por ello, te dejamos a continuación un avance de la introducción del libro:

«Sé que este libro va a dar pie a muchas especulaciones. Intentar identificarme forma parte de la diversión, y lo entiendo. Como lector, a mí también me gustaría saberlo. Pero no escondo mi identidad como reclamo. Lo hago porque, en mi mundo, los corredores están para ser vistos, no escuchados. He competido al máximo nivel en diferentes equipos desde hace ya una década, pero cualquiera que haya pasado algún tiempo en el mundo del ciclismo profesional sabe que no está bien visto mostrar tu opinión en público si valoras tu contrato. Incluso una queja puntual sobre la cinta del manillar puede causarte problemas con el equipo, porque seguramente ellos también tengan un conflicto con el patrocinador. Cuando empecé, no era raro que un equipo recubriera el sillín de una de sus grandes figuras si no le gustaba el modelo del patrocinador para que todo el mundo estuviera contento. También solían volver a rotular los tubulares si sabían que los que tenían que usar no eran de buena calidad. Estoy seguro de que todavía lo hacen. Nuestro deporte existe únicamente porque la publicidad y la promoción de productos lo permiten, por lo que está estrictamente prohibido que un ciclista muestre su opinión sobre el equipamiento. Conozco a varios que no han podido entrenar porque las baterías del cambio eran defectuosas y a otros que se han pasado incontables horas tiritando y empapados porque el patrocinador de ropa no tenía una chaqueta decente, pero no les permiten contarlo. Lo que dicen los gregarios está tan controlado —o incluso más— que sus rutinas de entrenamiento o su alimentación.

He decidido mantenerme en el anonimato porque, aunque quiero mostrar los entresijos del ciclismo profesional, también tengo que pensar en mi carrera y en mi familia. Todos los aspectos públicos de nuestras vidas están tan férreamente controlados que resulta imposible ser totalmente sincero en una entrevista para un periódico y mucho menos en un libro. Los equipos tienen directrices para todo lo que hacemos e incluso algo tan inocente como equivocarse de casco durante una salida en bici de montaña con los amigos puede meterte en un buen lío si acaba en alguna red social.

También por las personas: los organizadores de carreras, los agentes, los otros corredores y los directores de equipo. O, dicho de otro modo: mis compañeros, amigos y jefes. No tiene nada que ver con la antigua ley del silencio, sino con el sentido común. No podría presentarme a una concentración con todos mis compañeros si supieran que voy a escribir acerca de todo lo que hacen y dicen, y no esperaría que me renovaran el contrato si mi mánager se enterara de que voy a contradecir sus tácticas públicamente. Si no me creéis, os animo a que escribáis un blog contando todo lo que pasa en vuestro trabajo, que cuestionéis cómo se dirige la empresa, os aseguréis de llamar imbécil a vuestro jefe y que firméis con vuestro nombre. Ya me contaréis qué tal os va.

Vivimos en un mundo muy pequeño y el mundo del ciclismo es minúsculo en comparación. Todo el mundo se entera de todo y nadie olvida nada. Cuando decidí escribir este libro, no lo hice con la intención de ofender a nadie ni de ajustar cuentas, pero tampoco quería que me excomulgaran. Es difícil oír la verdad y, aunque solo doy mi opinión, sería imposible compartir mis pensamientos más sinceros sobre muchas cosas si supiera que mi nombre va a estar impreso en la portada. El ciclismo ha sido mi vida desde que era un adolescente y, a pesar de todos sus defectos, me encanta. Ha sido bueno conmigo y yo también quiero ser bueno con él. El propósito de este libro no es quejarse por quejarse, ni atacar a nadie. Solo quiero mostraros lo que supone ser ciclista profesional y ofreceros una visión sin filtros del interior del pelotón. Hay mucho de lo que disfrutar en este deporte, pero también hay problemas y por eso quiero iniciar un diálogo. He leído libros de personas críticas y de acérrimos defensores, pero no encajo en ninguna de las dos categorías. Siempre he creído que si realmente te gusta algo, tienes que aceptarlo tal y como es. Para mí, el ciclismo puede ser glorioso o deleznable, pero a menudo no es ninguna de las dos cosas. Se trata de pedalear durante horas y horas por muy poco a cambio. Es caprichoso, y en ocasiones disparatado, pero también es asombroso y emocionante y, lo más importante, divertido. En este libro quiero reflejar todo eso.»

Los mejores libros sobre la historia de La Vuelta

Los 10 mejores libros sobre el Tour de Francia

A la venta ‘Tres semanas, ocho segundos’

Facebook-3-semanas A la venta 'Tres semanas, ocho segundos' Libros de Ruta Nuestros libros Tour de Francia Ya está disponible nuestro último título, titulado Tres semanas, ocho segundos. 1989, Un Tour de Francia para la historia. Se trata de una precisa y a la vez amena crónica del Tour de hace exactamente tres decadas, que publicamos ahora con motivo de su 30º aniversario. El Tour de Francia de 1989 es considerado por muchos el más grande de todos los tiempos, una carrera que vio a Greg LeMond remontar 50 segundos de desventaja en los Campos Elíseos durante la última etapa, para llevarse el maillot amarillo por solo 8 segundos. Tras tres semanas y más de 3.000 kilómetros, esta diferencia se mantiene como el margen de victoria más reducido de la centenaria historia del Tour.

Pero por muy dramática que fuera aquella tarde en las calles de París, la carrera fue mucho más que esa contrarreloj final. Arrancó con la etapa prólogo de Luxemburgo a cuya salida llegó el ganador de la edición anterior, Perico Delgado, con casi tres minutos de retraso. Tras un desastroso comienzo, Delgado fue remontando posiciones hasta colarse en el podio, mientras LeMond y Fignon mantenían una auténtica lucha de titanes con el maillot amarillo cambiando de espalda varias veces y sin que la ventaja entre los dos primeros pasara nunca de los 53 segundos en todo el Tour. Algo inesperado para un LeMond con más de 30 perdigones insertados para siempre en su cuerpo tras un accidente de caza dos años antes.

Entre los testimonios que se recogen en este libro destacan los de Pedro Delgado, Sean Kelly, Stephen Roche, Bjarne Riis, Andy Hampsten, Raúl Alcalá, Charly Mottet, Sean Yates, compañeros de equipo de LeMond y muchos más ciclistas de esa época.

Adrenalina y agonía. Controversia y conflicto. Tormento y triunfo. La vida misma. 

Se trata, además, de un libro que fue nominado a los Sports Book Awards del Reino Unido en la categoría de mejor libro ciclista del año. Podéis pedir vuestro ejemplar en este enlace.

Próximamente a la venta: PEDALEANDO EN EL INFIERNO (adelanto editorial)

Pedaleando_en_el_infierno_PORTADA_ALTA Próximamente a la venta: PEDALEANDO EN EL INFIERNO (adelanto editorial) Jorge Quintana Libros de Ruta Nuestros libros No queda nada para que publiquemos uno de los libros más diferentes, y a su vez, más ambiciosos que hayamos publicado nunca. Se trata de una novela escrita con mucha pasión y todo lujo de detalles por el periodista Jorge Quintana. Más de 500 páginas para narrar una apasionante historia de amor. Amor entre personas y amor por el ciclismo. Un libro de ficción cuya trama se centra en la vida de un joven que aspira a convertirse en ciclista profesional y consigue su sueño. Aparentemente.

Narra en primera persona las ilusiones, esfuerzos, altibajos y contradicciones a los que se enfrenta un joven que aspira a ser un profesional del ciclismo. Personajes de ficción y personas y hechos reales se entremezclan en una narración que envuelve al lector por su verosimilitud. Pero a pesar de su carácter intimista y reflexivo, se trata de un crudo retrato de la España de comienzos de los 2000. El boom inmobiliario, la corrupción y la política se mezclan con el deporte. La pérdida de la inocencia de un joven en una sociedad en la que nada es como parece y en la que las dobles vidas, las trampas y los engaños pueden moldear la personalidad de cualquiera.

Su autor, Jorge Quintana, es un periodista que se dio a conocer en el ciclismo dirigiendo el mítico semanario Meta 2 Mil . Desde entonces, ha seguido muy vinculado al mundo del ciclismo y ha publicado anteriormente dos novelas: Cuervos y Palomas y La mujer sin nombre.  También ha contribuido con sus textos a los volúmenes 1 y 2 de la colección El Afilador. Podéis seguirlo también en su blog http://jorgequintanaorti.com.

La preventa ya está abierta. Si lo pedís ahora os lo enviamos sin gastos de envío a su publicación: PREVENTA AQUÍ.

Y para abrir boca, a continuación os dejamos un extracto de la novela:


«La primera reunión con Adolfo Niño despejó mis dudas de lo que iba a vivir durante los años siguientes e incluso de la esencia del ciclismo profesional de aquellos primeros años del siglo XXI. […]

El médico colombiano presentó un programa de competiciones, con carreras desde febrero hasta junio, cuando el equipo haría un parón para analizar qué corredores iban a ir a la Vuelta a España y qué corredores buscarían un plan alternativo. La Vuelta, como es lógico, era nuestro objetivo, pero lo normal es que alguien de 22 años y en su primera temporada como profesional no estuviera entre los elegidos, así que debía asumir que mis carreras iban a ser otras y, sobre todo, comenzar lo más fuerte posible para ganar confianza. Toda esa explicación sonaba a música celestial. Pero en el fondo sabía que había una parte importante de la charla que se estaba quedando atrás. De repente, Adolfo miró el reloj y me dijo.

-¿Y de medicina qué me cuenta? Bernat me ha dicho que usted siempre ha sido transparente y que, por tanto, tiene mucho margen. En principio, la idea es que este primer año se adapte a la distancia y al ritmo, así que no nos vamos a volver locos. Pero me gustaría que se tomase esto durante un mes. Es una pastilla por la mañana y una por la noche –dijo mientras abría el cajón de su mesa y sacaba una bolsa de plástico de un supermercado.

-¿Qué es? –pregunté.

-Eso no se pregunta, hermano. Es secreto profesional. Usted nunca debería preguntarle a una vieja por su edad ni a un médico por su medicina.

-Lo siento, pero me gusta saber lo que tomo. Creo que, si vamos a tener una relación de confianza, es justo que uno informe al otro de cada paso que vamos a dar –dije mirando al médico a los ojos.

-Es una fórmula magistral que inventé hace muchos años y que le dará mucha fuerza, mijo. Confíe en mí. Está en buenas manos, pero no me pida más detalles. La hemos probado durante mucho tiempo y siempre ha ido muy bien. Con usted también funcionará –dijo mientras lucía la mejor de sus sonrisas.

Cogí la bolsa y me marché del despacho sin hacer más preguntas. Subí a mi habitación y la abrí mientras las manos me temblaban por los nervios. Dentro había 60 pastillas, sin ningún tipo de envoltorio ni prospecto, por supuesto. Solo llevaban impresa una letra: F. Nada más. Aquello no tenía muy buena pinta. Parecían algún tipo de hormona para ganar masa muscular. En ese momento, resoplé con fuerza y tomé una decisión. Me vestí de ciclista, puse la bolsa en el bolsillo trasero de mi maillot y salí a rodar en dirección al sur y por la carretera más llana de la provincia. Fueron poco más de 50 kilómetros hechos a velocidad de paseo. No tenía ninguna prisa en llegar a mi destino. No sabía bien por qué iba había allí, pero era algo que se me había metido en la cabeza desde el mismo momento en que me dieron la bolsa. Llegué a Almenara y a su espacio natural, conocido como Els Estanys. Abrí la bolsa y dejé caer todo su contenido en uno de los preciosos lagos. Las pastillas, una a una, fueron desapareciendo ante mi atenta mirada y camino del fondo del lago. La decisión estaba tomada: no iba a tener ningún producto dopante, pero es posible que los peces de Almenara salieran volando del agua en ese invierno de 2003.

El entrenamiento siguió a ritmo de tortuga. No tenía prisa. Sabía que todos los corredores habían pasado por la habitación de Niño e intuía que ninguno habría tirado la bolsa a un lago. Por no pensar en los que estarían con tratamientos más agresivos, puesto que, una vez más, había visto a varios compañeros de equipo subiendo a sus habitaciones cargados de termos y no repletos de café, precisamente.

El doctor me lo había dejado claro: Agustí y él estaban de acuerdo en que los jóvenes tuvieran un año tranquilo, lo que significaba que el resto de ciclistas no lo iban a tener y, sobre todo, que mi futuro pasaba irremediablemente por entrar en ese círculo de uso constante de sustancias dopantes en el que ya estaba instalado el resto del equipo. En esos momentos me acordé de mi primera charla con Agustí. Si lo pensaba bien, él nunca me había dicho que no iba a haber dopaje en su equipo. Me había prometido que no habría dopaje en el año amateur y me había avisado de que ya habría tiempo para pulirme más adelante. Esas primeras pastillas debían formar parte del proceso.

Con esos pensamientos en la cabeza, llegué a las cinco de la tarde al hotel de cinco estrellas del Magic Resort, el lugar donde celebrábamos la concentración invernal. Ya era casi de noche y lo cierto es que me quedé sin palabras al acercarme al hotel. La puerta estaba llena de coches e incluso había una furgoneta de la televisión autonómica. En ese momento comprendí mi error. Me metí para dentro a la máxima velocidad posible, pero llegaba tarde. La recepción estaba llena de periodistas y mis compañeros de equipo estaban perfectamente uniformados y atendiendo a la prensa. Miguel y Clara Pellicer también estaban en ese mismo lugar, saludando a diestro y siniestro. El primero que vino a por mí fue Bernat Agustí y no hizo falta que empezara a hablar para intuir su enfado.

-¿Pero dónde cojones te has metido? Llevamos una hora llamándote al móvil. Hoy es la tarde de medios y nadie podía salir a entrenar. Debías estar aquí para atender a los periodistas –el tono de voz era bajo para que nadie más lo escuchara, pero la bronca era todo menos baja.

De repente, un periodista se coló en nuestra charla. Era Ramón Aznar y ejercía siempre de decano de la prensa deportiva castellonense. Me conocía desde mi primera carrera en la categoría juvenil y en sus crónicas siempre mostraba un especial cariño hacía mí. Ramón había visto lo que estaba ocurriendo y había decidido salir al rescate con la autoridad de sus canas.

-No te preocupes, Bernat. Para uno que tienes que quiere entrenar como un campeón, no le pegues la bronca.

-No es eso, Ramón. Aquí hay unas normas que cumplir y valen para los veteranos, pero también para los jóvenes.

-Eso está claro, Bernat. La disciplina es lo primero. Pero aquí tienes periodistas de Madrid y esos solo quieren hablar con Miguel, contigo o con alguno de los capos del equipo. Las entrevistas con Lucas son cosa mía y de los dos o tres periodistas de Castellón y nosotros sabemos que él nos atiende siempre que le llamamos y con exquisita educación, así que no seas muy duro con el juvenil. Deja que se duche y en diez minutos lo tenemos aquí –dijo Ramón mientras me guiñaba un ojo.

Intenté sonreír para devolver el capotazo que Ramón me acababa de dar. Estaba ejerciendo de abogado defensor con ímpetu. Pero Bernat no estaba para bromas y no se daba por vencido.

-Sube a la habitación, te duchas y en diez minutos te quiero aquí. Ya hablaremos luego.

Bernat Agustí estaba nervioso por mi retraso de unos minutos en el acto de presentación a los medios. Yo estaba nervioso porque el futuro que veía ante mí… era una pesadilla.»

Los mejores libros sobre el Giro de Italia y el ciclismo italiano

Mi Mundo, el libro de Peter Sagan elegido como mejor libro ciclista del 2018 por nuestros lectores

Os pedimos vuestra opinión y no nos habéis fallado. ¡Muchas gracias a todas las personas que nos habéis respondido!

Y aunque los votos han estado muy repartidos, el veredicto es claro: Mi Mundo, la autobiografía de Peter Sagan ha sido el libro de ciclismo que más ha gustado este año según la encuesta que hicimos. A continuación los resultados:

Encuesta Mi Mundo, el libro de Peter Sagan elegido como mejor libro ciclista del 2018 por nuestros lectores Libros de Ruta Marcos Pereda Nuestros libros Thomas Dekker. Mi lucha

 

 

 

 

 

 

 

 

Según los votos de todas las personas que amablemente habéis contestado la encuesta, los cinco mejores libros del año 2018 son los siguientes:

 

  1. SAGAN. MI MUNDO  25%

  2. THOMAS DEKKER. MI LUCHA 14,6%

  3. UNA PULGA EN LA MONTAÑA 11,5%

  4. HISTORIAS DE LA VUELTA 9,4%

  5. LA ESTELA DE MIGUEL EN 101 IMÁGENES 8,3%

¿Cuáles han sido los mejores libros de ciclismo del año 2018?